FLAMENCO PARA PRINCIPIANTES
Qué esperar de un espectáculo de flamenco
¿Nunca has visto flamenco en directo? Te contamos el cante, el baile y la guitarra que te encontrarás en un tablao sevillano, y por qué quienes lo ven por primera vez suelen salir con el alma removida.
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El flamenco es, en realidad, tres cosas entrelazadas, y una buena noche de tablao te permite escuchar cada una de ellas. Está el cante, la voz cruda y sin amplificar de un cantaor o una cantaora; el baile, con su porte orgulloso y su zapateado contundente; y el toque, la guitarra que marca el compás y responde al cantor. La UNESCO inscribió el flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial en 2010, y Sevilla es uno de sus corazones. Lo que más sorprende a los primerizos es lo poco que se parece a un espectáculo pulido. Se acerca más a una conversación: el cantaor lidera, la guitarra sigue, el bailaor responde, y toda la sala se inclina hacia adelante. En cuanto dejas de esperar un argumento y empiezas a escuchar el sentimiento, todo encaja.
El cuadro: quién está sobre el escenario
Al grupo de artistas se le llama cuadro. En una sala íntima verás normalmente uno o dos cantaores, uno o más bailaores y un guitarrista, mientras los que no están en escena marcan las palmas y lanzan jaleos mientras los demás actúan. Nadie está ocioso: el bailaor que espera su turno aplaude el ritmo, el cantaor marca el tiempo, todos alimentan la energía. Es parte de por qué un tablao pequeño se siente tan vivo: puedes ver a los artistas reaccionar entre ellos en tiempo real, captar una ceja levantada o una sonrisa cuando alguien clava un pasaje. Hay estructura bajo la aparente espontaneidad, pero mucho es realmente improvisado en el momento, moldeado por cómo se sienten la sala y los artistas esa noche.
Palos: los estados de ánimo del flamenco
El flamenco no es un solo estilo, sino una familia de formas llamadas palos, cada una con su propio ritmo y color emocional. Un espectáculo suele recorrer varios. La soleá es profunda y solemne, casi un lamento; la seguiriya es aún más densa, el flamenco en su máxima angustia. Luego el ánimo se eleva: las alegrías, nacidas en Cádiz, son brillantes y luminosas, mientras que las bulerías son rápidas, juguetonas y traviesas, y muy a menudo cierran la noche en un broche suelto y gozoso llamado fin de fiesta. No necesitas nombrarlas mientras pasan. Pero saber que la velada oscila entre el duelo y la celebración te ayuda a leer el arco: los números lentos y desgarradores están hechos para sentirse así, y la liberación cuando el tempo se abre es precisamente el punto.
Palmas, compás y jaleo
El motor que lo impulsa todo es el compás, el intrincado ciclo rítmico del flamenco. Lo oirás marcado con las palmas, a veces con pitos (chasquidos de dedos) y con el taconeo del bailaor. Por encima se superpone el jaleo: los gritos de ánimo que los artistas se lanzan entre sí, el famoso ¡olé!, junto con ¡vamos! y ¡así se baila! No son teatrales; son reacciones genuinas a un buen pasaje, y son contagiosos. Como público, eres bienvenido a unirte al jaleo cuando un momento te emocione, aunque aplaudir a compás es mejor dejarlo para los profesionales a menos que conozcas de verdad el compás: los ritmos son más engañosos de lo que parecen, y una palmada fuera de tiempo, aunque sea bienintencionada, puede descolocar a los artistas.
Duende: lo que todos persiguen
Pregunta a cualquiera sobre el flamenco y tarde o temprano oirás la palabra duende. Es esa carga casi mística que llega cuando una actuación deja de ser meramente hábil y se convierte en algo que te eriza el vello de los brazos. El poeta Federico García Lorca escribió una famosa conferencia intentando definirlo y concluyó en gran parte que no se puede: el duende viene sin avisar, no se puede fingir ni programar, y no todas las noches lo entrega. Esa incertidumbre es precisamente por lo que merece la pena el flamenco en vivo en una sala pequeña. No vas por un espectáculo garantizado; vas por la posibilidad de que, en esa noche concreta, todo se alinee y toda la sala lo sienta a la vez.
No necesitas "entenderlo
Lo más útil que puedes saber como principiante es que el flamenco solo te pide atención. No hay barrera de idioma: el cante está en español, pero comunica a través de la voz, el movimiento y el ritmo, así que no hace falta traducción. No necesitas conocer los palos ni leer el compás para que te conmueva; muchos aficionados de toda la vida tampoco pueden. Ven con la mente abierta, deja que los números lentos sean lentos, y no te preocupes por hacerlo mal. Un espectáculo de tablao dura un tiempo razonable: entre tres cuartos de hora y una hora es lo habitual, y está diseñado para atraparte rápido. La mayoría de la gente sale entendiendo por qué Sevilla trata este arte con tanta reverencia.